A
la consolidada tendencia de la comida exquisita y
los vinos refinados, se suman ahora públicos cada
vez más especializados. Una guía de restaurantes
que hace furor en Internet con los comentarios de
los propios comensales. Una escuela de sommeliers
que se afianza en Buenos Aires.
Procurarse placeres gastronómicos no es algo que se
haga a la ligera en Argentina. Se puede, desde ya,
permanecer en el oscurantismo que resume las
posibilidades de experiencia a algunos cortes de
carne, un tinto de carácter, y, en gesto de
magnánima concesión, un postre elaborado (porque
Doña Petrona era argentina), pero hay que convenir
que los horizontes de sabores se han ampliado. En
los últimos diez años, por ejemplo, no sólo la
señal televisiva dedicada a los sabores se
consolidó tanto localmente que ya es regional, sino
que además almacenes y góndolas de supermercados
fueron, poco a poco, habituándose a tener productos
gourmet made in Argentina. A eso hay que sumarle
que cada mes a los kioscos llegan al menos tres
publicaciones especializadas, y que las guías,
columnas y demás filtraciones en espacios no
exclusivos van en aumento. Todo indica que el
corazoncito gourmet argentino sobrevivió tan
dignamente al sacudón de 2001 que, desde entonces,
no hizo sino crecer y afianzarse, tanto que las
novedades, como la cantidad de consumidores del
mundo gastronómico, afloran cada día.
Comer y contar
Hace diez años, un grupo de amigos con ganas de
probar ideas en Internet desarrolló la primera
versión de algo que, gracias al boca en boca (y la
expansión de la web), creció hasta convertirse en
hit y modelo de negocios: la Guía Oleo (www.guiao
leo.com.ar). Una versión editada en papel, una
tarjeta de crédito propia, casi 7000 fans en
Facebook y más de 350 mil usuarios registrados
después, Esteban Brenman, uno de los ideólogos del
sitio que pasa revista a 3240 restaurantes,
recuerda que todo comenzó “sin ser pensado desde lo
comercial”, aunque, aclara, “eso no significa que
hoy no intentemos reforzar ese aspecto”.
En el comienzo, dice Brenman, Oleo sólo fue pensado
“desde el consumidor: qué necesitábamos nosotros,
como consumidores, para elegir un restaurante. A
partir de allí armamos una herramienta, que es la
página, que programé yo; a mi socio también le
gustó, la compartimos y empezó a crecer. Tuvo una
repercusión que no imaginamos”. Hace un par de
semanas, la pequeña iniciativa que se transformó en
un gigante nacido del mundo virtual pasó la prueba
de fuego, vale decir, el encuentro con su público.
La fiesta del décimo aniversario, que agotó las
seiscientas entradas disponibles (que cotizaban
casi como una cena: 60 pesos) días antes de
realizarse y llenó el restaurante central de la
sede de la Sociedad Rural, de Palermo, de usuarios
ávidos. Alianza más con firmas de alimentos que con
espacios gastronómicos (aunque con excepciones), el
encuentro empezó al caer la noche y terminó pasadas
las doce. La concurrencia, que en muchos casos
vestía realmente ropa de fiesta, se paseaba entre
stands y bandejas con tapeos, “bandejeo frío”,
caliente y dulce, bocados de cordero, quesos de
cabra, variedades de sushi, woks, helados.
Pantagruélico como suena, estaría incompleto sin
mentar que todos esos alimentos estuvieron
acompañados por una barra de una firma de cerveza,
otra con bebidas blancas, destiladas y vinos, y
otra especialmente abocada a tragos (estuvo
atareada: sirvió más de 2500 vasos, sobre 6000 que
se bebieron en total). Y todo esto en aras de
festejar que quienes allí estaban adoran comer y
contar.
Puesto a teorizar, Brenman cree que parte del éxito
se cifra en la variedad. “Las guías que hacen los
críticos, y también otras, hacen selecciones
parciales de lugares. Cuando hacés un corte
determinado, necesariamente hay un criterio de
elección: no ponés el bodegón o la parrillita del
barrio, e inclusive ignorás ciertas zonas y
barrios. Nosotros hacemos lo contrario: desde el
principio nos preocupamos por tener la mayor
cantidad de restaurantes posible.” Tan completa fue
conformándose esa base de datos que, inclusive hoy,
es posible encontrar datos de lugares que ya no
funcionan, aunque con la salvedad hecha de que esa
información se consigna a pesar de que el lugar ha
cerrado.
La dedicación para moderar comentarios (“al
principio corregíamos las faltas de ortografía,
pero también las de gramática”), la regla de que
todo comentario vale (“a mí a veces me encantan
lugares que no están bien rankeados en la guía, y
otros que no logro entender por qué rankean bien,
pero todo entra”) y de que, precisamente por la
exhibición de eso, la valoración de cada
restaurante gana credibilidad a partir de la
transparencia, todo eso hizo al método a partir del
cual nació, se desarrolló y sigue creciendo Oleo.
El fenómeno, en cierta forma, se extiende gracias a
que el propio público de usuarios logra emitir su
propio juicio e intervenir en un terreno que, por
definición, suele exigir discursos especializados.
–¿Por qué la guía enganchó tanto público?
–Creo que porque se nota cómo está hecho el
producto, es muy simple de usar y aparece
rápidamente en los buscadores de Internet. Esa
simplicidad hizo que la gente se encontrara y
fuera, de a poco, confiando en las calificaciones y
los comentarios. Esa es la gracia de Oleo: que la
gente decide.
¿El futuro? La recomendación gourmet personalizada,
elaborada en base a coincidencias de opinión con
otros usuarios. “La idea va a ser que te registres
y la guía te diga: ‘Mirá, a vos te gustó éste y
aquel lugar, y como coincidiste en gustos con tal y
cual, te recomiendo esto que les gustó’. Es algo
que estamos desarrollando, y que es un equivalente
a algo que hace todo el mundo: de la misma manera
que cuando alguna gente te recomienda libros y
películas, vos confiás, o todo lo contrario, Oleo
debería poder aconsejarte a partir de esos
criterios.”
Una cadena con miles de eslabones
En 1999, Marina Beltrame regresó a Argentina,
procedente de Francia, con el título de sommelier
bajo el brazo y decidida a establecer aquí algún
equivalente a las escuelas de formación
gastronómicas europeas. Desde entonces, en la
Escuela Argentina de Sommeliers (www.sommeliers.com.ar)
se recibieron nueve camadas de sommeliers (350
profesionales que encontraron su lugar en el
mercado) y 5600 amateurs pasaron por distintos
cursos breves para aprender a catar vinos, quesos,
bebidas destiladas, aceite de oliva, yerba mate,
café...
“Sin la cocina, la sommelerie no tiene un lugar
–afirma Beltrame–. En Argentina, básicamente, la
comida típica sigue siendo la parrilla, tal vez las
pastas, pero hace unos años, cuando fue el auge de
la nouvelle cuisine, empezó un cambio importante:
se aceptaron nuevas tendencias, otras cocinas, se
prestó más atención a lo étnico... pero también el
público empezó a prestar atención al producto, y a
valorizar lo nuestro, a reconocer importancia a
productos locales: papines andinos, pescados. Antes
se conocía solamente la merluza y el salmón (encima
del Pacífico), pero hoy tenés un montón de variedad
de pescados de nuestros ríos y mares. Sigue sin ser
protagonista, pero hay una apertura.”
–¿Por qué prendió la formación en sommelerie?
–Porque el sector vitivinícola también cambió,
especialmente en los últimos 15 años. Ante tanta
producción y diversidad que empezó a ofrecer el
sector, sin un canal y un tipo de comunicador
específico, era difícil pensar en que iban a poder
vender. En definitiva, el sommelier es un
comunicador, pero también un vendedor. Y a partir
de su aparición, tenés un consumidor que ya estaba
entusiasmado con las propuestas gastronómicas, y
ahora se interesa por qué vinos puede probar. El
sector amplió las propuestas, pero el consumidor se
interesa. Lo fundamental fue ese cambio, a partir
del cual empezó a haber sommeliers profesionales,
algo que aquí no podía estudiarse. Quienes
producían tienen que seguir produciendo, quienes
consumían no se iban a poner a estudiar o a ser
autodidactas; faltaba ese eslabón en la cadena.
–A pesar de la crisis del posmenemismo, que volvió
más difícil el acceso a alimentos importados, el
consumo gourmet siguió creciendo.
–Es que, por ejemplo, la dificultad de conseguir
vinos de afuera hizo que el mercado nacional
tuviera... no es que protagoniza: es el único
posible. No hay prácticamente acceso a vinos de
afuera, o los que existen tienen precios muy
elevados, y no siempre esos vinos merecen esos
precios. La gente va más a lo seguro.
La consolidación de la formación en sommelerie fue
tan contundente en Buenos Aires que, ahora, la
Escuela cuenta con sede en Mendoza, pero también
allende las fronteras: en Bogotá (Colombia) y San
José (Costa Rica). Con el tiempo, el propio staff
de la escuela fue mostrando los trazos de su
conformación: Beltrame es la única que tiene
formación en hotelería; el resto del equipo cuenta
con trayectorias profesionales tan variadas que la
directora académica, Fernanda Orellano, es abogada.
Beltrame aduce una única explicación posible: “Eso
es pasión pura”.
Snobs y genuinos
La tendencia gourmet no es sólo argentina, insiste
Federico Miró, director de la Licenciatura en
Gastronomía que, desde hace dos años, se sumó a la
oferta académica de la Universidad Argentina de la
Empresa (en asociación con el Instituto Argentino
de Gastronomía) y cuenta, actualmente, con 200
alumnos. “En Argentina, en parte, su inicio
coincidió con la década del ’90, con la posibilidad
que tuvo mucha gente de viajar, y la posibilidad
que, a partir de 2001, se abrió acá, de recibir
turismo. A eso se suma que empieza a haber escuelas
de gastronomía, donde no solamente van personas que
quieren profesionalizarse, sino también
consumidores. Y Argentina aparece en algunas guías
europeas como uno de los mejores diez lugares del
mundo para venir a comer”, agrega.
Puede resultar abrumadora la oferta de experiencias
gastronómicas, sí, y también la de saberes que los
consumidores procuran incorporar para disfrutarlas.
“Y también puede ser que haya un poco de snobismo”,
concede Miró, para luego agregar: “Hay un mercado
snob, pero también un mercado genuino, que no busca
lo gourmet para demostrar nada, sino que ha mamado
y buscado esa relación con la comida, y la vive
así”. Es como en todo, remata, “hay modas. Pero con
el tiempo finalmente eso va a terminar por
decantar. Todavía queda mucho por hacer en
gastronomía, como mejorar el servicio”.