Saberes & Sabores
|
 |
La
deshidratación es un método muy útil para preservar
alimentos: los microorganismos que provocan su
descomposición no pueden desarrollarse en ausencia de
este líquido y el producto se mantiene óptimo para
consumir durante más tiempo. Incluso fuera de temporada.
Consiste en extraer parte del agua que contienen los
vegetales, las frutas o algunas hierbas aromáticas. Es un
proceso cuidadoso, pero sencillo.
La deshidratación de verduras y hortalizas es una
solución para las personas que tienen su propio huerto y
recolectan tomates, calabacines, pimientos o berenjenas,
entre otros. Si se secan las cantidades sobrantes, se
dispondrá de estos productos fuera de temporada. Los
alimentos deshidratados mantienen todo el sabor e,
incluso, muchas veces éste se realza. Además, los
nutrientes experimentan pocas variaciones.
El desecado
El primer paso de este proceso es seleccionar las
verduras que estén en su punto óptimo de maduración, sin
golpes ni partes dañadas. Una vez lavadas, se pelan y se
eliminan las zonas no deseadas. A continuación, se cortan
en rodajas o cubos y se escaldan para inactivar las
enzimas. Así el producto estará listo para el secado.
Los alimentos se pueden exponer al sol y al aire,
desecarlos en el horno o usar un moderno deshidratador.
La desecación se realiza a una temperatura que oscila
entre 55ºC y 60ºC, de cuatro a diez horas. La cantidad de
producto y su acuosidad determinan la duración del
proceso. Hay que conseguir un contenido final en agua del
4% al 8%. Una vez alcanzado, los productos se dejan
enfriar, para luego empaquetar y almacenar.
Técnica de elaboración
En zonas de clima muy seco, se puede optar por realizar
el proceso de modo tradicional. En el caso de los
tomates, se cortan por la mitad, se espolvorean con un
poco de sal y se colocan sobre rejillas al sol durante el
día, en lugares cubiertos. Durante la noche, se recogen
para evitar la humedad nocturna. Este proceso se sigue
entre dos y tres semanas, hasta que los tomates se
sequen.
El principal riesgo de este método es que, al realizarse
en unas condiciones de calor y humedad que favorecen la
proliferación de insectos (y sus larvas), los alimentos
quedan expuestos a estos, así como a otro tipo de
contaminación ambiental (polvo, esporas, polen,
suciedad).
El horno permite un secado con una temperatura constante
y deja que el aire circule entre los alimentos
Para deshidratar el alimento de forma gradual, el método
de secado en el horno es adecuado. Debe alcanzarse una
temperatura constante de entre 50ºC y 60 ºC. En el horno,
además, el aire circula entre los alimentos, que se
colocan en bandejas de rejilla pequeña. Son adecuadas
tanto las hortalizas como las frutas (uvas, fresas), las
semillas de girasol o calabaza y las hierbas aromáticas.
Otra posibilidad es utilizar un deshidratador. Hay
diversos modelos: de forma redonda, cuadrada, con
ventiladores laterales o inferiores, con
temporizadores... Estos últimos, cuando tienen cierta
altura entre bandejas, son los más adecuados para
deshidratar las hortalizas con grosor, como tomates o
pimientos enteros.
El temporizador detiene el aparato una vez transcurridas
las horas seleccionadas. Si el motor y el sistema de
ventilación, que mantienen una temperatura constante,
están situados en la base del deshidratador, el calor y
la humedad atravesarán las bandejas que contienen los
productos hasta escapar por la salida de aire.
CONSERVACIÓN POSTERIOR
Una vez deshidratadas las verduras, hortalizas o frutas,
se envasan frías en tarros de cristal. El envasado puede
ser al vacío, en recipientes de plástico o sumergidas en
aceite de oliva aromatizado con ajo, orégano, tomillo o
menta. Es conveniente etiquetar los recipientes con la
fecha en la que se han deshidratado. Además, antes de
consumirlos, hay que rehidratarlos. Para ello, se
sumergen en remojo varias horas antes o se agregan en
guisos y sopas.
Saberes & Sabores
|