Saberes & Sabores
Las
leguminosas son excelentes sustitutas de la proteína
animal, un nutriente consumido en exceso en los países
desarrollados. Su composición destaca en carbohidratos
complejos y un contenido sobresaliente de fibra
dietética. Otras ventajas son la baja cantidad de grasa,
la ausencia natural de colesterol y la variedad de
vitaminas y minerales.
Pero su consumo debe restringirse en
determinados casos. Las personas obesas o diabéticas,
entre otras, han de moderar la ingesta de legumbres.
Las virtudes saludables de las leguminosas se atribuyen a
las proteínas vegetales y a sustancias como la fibra,
saponinas, isoflavonas, lectinas y ácido fítico, entre
otros componentes funcionales. Su consumo frecuente
implica un importante efecto dietético profiláctico y
terapéutico. Estos beneficios se reflejan en
investigaciones recientes llevadas a cabo en el campo de
las enfermedades cardiovasculares, la carcinogénesis y la
diabetes.
Restricciones de consumo
El consumo de leguminosas es bueno para la salud, pero
está contraindicado en algunos casos debido a su
contenido en carbohidratos. Las personas con diabetes o
problemas de obesidad deben ajustar la cantidad de
legumbres a las calorías recomendadas en sus respectivas
dietas. El alto contenido en fibra (13-20 g/100 g) es
también un inconveniente para quienes sufren
diverticulitis o siguen una dieta con mínimo residuo
(poca fibra), así como para las personas que han sido
intervenidos en el intestino (colostomías e ileostomías)
o están convalecientes tras un postoperatorio.
Si se padecen trastornos digestivos conviene comer las
legumbres sin piel y utilizar el pasapuré. El
descascarillado elimina los taninos, que inhiben la
acción de distintas enzimas digestivas, y reduce la
cantidad de fibra (más indigesta) que contienen las
leguminosas. Su concentración en proteínas, fósforo y
potasio, restringe el consumo de estos alimentos en la
dietoterapia de insuficiencia renal crónica. Se
recomienda limitar las legumbres a 120 gramos -ya
cocidas-, una vez a la semana como máximo.
En caso de hiperuricemia, gota y nefropatías avanzadas, o
si la persona precisa diálisis, es aconsejable limitar la
ingesta de legumbres debido a su aporte proteico y de
purinas. La hiperuricemia es la primera manifestación
clínica del exceso de ácido úrico en sangre y, con el
tiempo, puede llegar a producir gota. Ésta se asocia a
inflamación articular y dolor intenso y localizado en el
dedo gordo del pie.
Alergia a las legumbres
La presencia de albúminas en las leguminosas puede
desencadenar las alergias a estos alimentos. Los
cacahuetes, las habas, los guisantes y la soja son las
más preocupantes, sobre todo los primeros. Los cacahuetes
son, con diferencia, las leguminosas que más alergias
provocan porque son las más consumidas. La introducción
temprana en la dieta infantil y su presencia en numerosos
productos procesados (panes, galletas, bollería, helados,
salsas) explican el aumento de la incidencia. En España,
estos frutos se toman como aperitivo, más que como
legumbre cocinada.
El altramuz o lupino también tiene proteínas con un
fuerte potencial alergénico. Se introduce cada vez más
como alimento, mezclado con trigo para la elaboración de
pan, galletería y bollería. Se analiza en el Instituto
Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y
Alimentaria (INIA) para identificar las proteínas
responsables de la alergenicidad y conseguir disminuirla
mediante diferentes tratamientos térmicos. En general, la
alergia a las leguminosas aparece en los primeros años de
vida y se supera con el tiempo.
LEGUMBRES TÓXICAS
Las habas y las almortas son las leguminosas más
comprometidas debido a su contenido en sustancias
consideradas tóxicas para ciertas personas. En las habas,
los factores antinutritivos vicina y convicina son
responsables de la enfermedad diagnosticada en humanos
como favismo. La carencia de la enzima glucosa-6-fosfato
deshidrogenasa, que metaboliza estos compuestos en el
intestino, puede dar lugar a la enfermedad. Los síntomas
clínicos son palidez, cansancio y dificultad respiratoria
por la hemolisis (ruptura de los hematíes). Las habas
("Vicia faba") se consumen, sobre todo, en países de
Oriente Próximo, donde se han buscado variedades que
carezcan de estos tóxicos y procedimientos de elaboración
para su eliminación, como el remojo y el calentamiento.
Las sustancias tóxicas que contiene la almorta o guija ("Lathyrus
sativus") provocan el latirismo. En algunas regiones de
España todavía se consume almorta, a pesar de su
prohibición estricta desde 1944, tras la pandemia de
latirismo ocurrida en la posguerra civil. Se ingiere en
forma de gachas, un plato típico que se elabora con
harina de almorta frita, pimentón y torrezno (tocino) o
hígado de cerdo.
El aspecto de esta leguminosa es parecido al del
garbanzo, pero el contorno es cuadrado. Sus efectos
tóxicos sólo aparecen cuando constituye uno de los
aportes principales en la dieta durante varios meses. Se
distingue entre neurolatirismo, que provoca parálisis de
las extremidades inferiores en adultos y en niños y
retraso de crecimiento, y osteolatirismo, que degenera
los huesos y el tejido conectivo. En centros de
investigación sirios (International Center for
Agricultural Research in the Dry Areas) se han obtenido
semillas de almorta sin toxinas, que mantienen su
productividad y resistencia.
MOHOS
Las leguminosas pueden desarrollar aflatoxinas, unas
toxinas fúngicas (micotoxinas) producidas por mohos del
género "Aspergillus" y, en particular, por algunas cepas
de "Aspergillus flavus" y la mayoría de "Aspergilllus
parasiticus". Estos mohos crecen, sobre todo, en los
cacahuetes conservados en malas condiciones de humedad y
temperatura. Se multiplican a una temperatura que ronda
los 27ºC.
Las aflatoxinas tienen un efecto muy nocivo en el
organismo. Son mutagénicas, cancerígenas y neurotóxicas.
Estudios y publicaciones acreditadas relacionan la
ingesta continuada de estas sustancias con cáncer de
hígado. En la Comunidad Europea, la cantidad de
aflatoxinas en alimentos de riesgo está regulada, ya que
se considera uno de los tóxicos más potentes. Se permiten
desde 1 a 100 microgramos por kilogramo de producto.
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