Saberes & Sabores
La
conducta alimentaria es muy compleja, comienza a
moldearse desde el inicio de la vida y una vez
establecido un patrón alimentario es muy difícil
modificarlo, tanto a nivel individual como poblacional.
Por eso, actualmente se estudian con tanto interés los
factores que influyen en su desarrollo, ya que sería
ideal poder detectar qué características son protectoras
de la obesidad y cómo promoverlas.
Dres. Dra Débora Setton, Dr. Pablo Duran
La consulta pediátrica es una oportunidad para promover
hábitos alimentarios saludables, entre ellos los de
alimentación. Las características de los alimentos
ofrecidos, en cuanto a su calidad, cantidad, textura,
composición nutricional y seguridad alimentaria son
aspectos que se toman en cuenta. Sin embargo la actitud
materna durante la alimentación, es otro factor
fundamental a considerar a la hora de promover una
conducta alimentaria saludable. Es decir que no sólo es
importante qué darle sino también cómo dárselo.
En el inicio de la vida, la alimentación, el contacto
corporal y los cuidados afectivos forman parte del mismo
vínculo entre el bebé y la mamá. Cuando se estudia la
actitud materna, suele observarse que las madres que
amamantaron a sus hijos controlan menos la ingesta de
éstos en los primeros años de vida.
La experiencia de la lactancia hace que las madres estén
más atentas a las señales del niño con respecto al
inicio, duración y finalización de la comida, siendo el
niño el que reclama el alimento (“el que no llora no
mama”), succiona con más o menos presión determinando la
velocidad de la ingesta y el volumen, y suelta el seno
materno cuando está satisfecho. Durante la lactancia se
crean las condiciones para que el bebé sea el que regule
su propia ingesta, y la madre esté atenta a reconocer las
señales de hambre y saciedad de su hijo.
El reconocimiento del hambre y la saciedad y la
autorregulación de la ingesta se van perdiendo a medida
que crecen, por eso es importante “entrenar” al niño a
detectar estas señales fisiológicas y respetarlas desde
el inicio de la alimentación complementaria. En esta
etapa el rol de la madre o del cuidador “marcan” la
conducta alimentaria.
Formas de alimentar a los niños
La conducta alimentaria se va formando a lo largo de las
experiencias del niño con la comida y su interacción con
el medio. El reconocimiento del hambre y la saciedad y la
autorregulación de la ingesta se van perdiendo a medida
que crecen, por eso es importante “entrenar” al niño a
detectar estas señales fisiológicas y respetarlas desde
el inicio de la alimentación complementaria. En esta
etapa el rol de la madre o del cuidador “marcan” la
conducta alimentaria.
Existen diferentes estilos en la forma de alimentar a los
niños pequeños, que dependen de factores culturales y de
las actitudes de la madre o el cuidador.
Pueden reconocerse 5 formas principales:
1. Perceptiva: los padres están atentos a las respuestas
del niño, reconocen y respetan las señales de hambre y
saciedad, pero cuidan la calidad nutricional de lo que le
ofrecen. Es decir ellos deciden “qué” y el niño “cuánto”.
La OMS recomienda como principios básicos de la
alimentación perceptiva:
a) alimentar a los lactantes y ayudar a los niños mayores
cuando comen por sí solos, respondiendo a sus signos de
hambre y saciedad.
b) alimentarlos despacio y con paciencia, estimulándolos
a comer, pero sin forzarlos.
c) si rechazan varios alimentos, experimentar con
combinaciones, sabores, texturas y animarlos a comer.
d) minimizar las distracciones durante la comida.
e) hablarles y mantener el contacto visual. Esta es la
forma ideal de relacionarse con el niño.
2. Con Presión: en esta modalidad, los adultos presionan
para que coma la cantidad que ellos consideran adecuada,
estimulándolo a comer hasta finalizar la porción, sin
tener en cuenta las respuestas del niño.
También se refiere a los padres que obligan a sus hijos a
comer los alimentos que consideran saludables con el fin
de desplazar la ingesta de alimentos de baja calidad
nutricional.
3. Restrictiva: Los adultos intentan disminuir la
cantidad de lo que suponen que el niño comería
espontáneamente, ofreciéndole menos cantidad de comida y
en general, diciéndole que la ingesta ya ha sido
suficiente.
También controlan que la calidad nutricional sea adecuada
y no le permiten ingerir alimentos que no consideren
saludables. No permiten una regulación fisiológica de la
ingesta. Paradójicamente, es una conducta observada con
frecuencia en los padres de niños obesos.
4. Indulgente: Los padres están atentos al apetito y
saciedad del niño, pero no ponen límites en la calidad y
cantidad de lo que el niño come.
5. “Dejar Hacer” (en francés laizzer faire): Los padres
no controlan la calidad ni cantidad pero tampoco están
atentos a las manifestaciones de hambre y saciedad de los
niños.
No están conectados con la alimentación del niño, no se
los estimula a comer.
Los primeros años de vida son clave en el desarrollo de
la conducta alimentaria y muchos autores han investigado
los rasgos del comportamiento, con el afán de detectar
qué conductas en la madre y en el niño se asocian a
obesidad y trastornos alimentarios años más tarde.
La presión sobre el niño para que coma, en líneas
generales, genera más selectividad y menos ingesta ,
mientras que la restricción genera sobrealimentación y
exceso de peso en edad escolar , y obesidad y conductas
alimentarias compulsivas en la adolescencia .
La preocupación excesiva de la madre porque su hija no
aumente de peso es también un factor que se asocia a
mayor sobrepeso en niñas preescolares.
Sin embargo, cabe cuestionarse si el modelado de la
conducta alimentaria depende tanto de la actitud materna
o si en realidad, la misma madre con un hijo delgado y
selectivo, lo presiona para comer, mientras que con un
hijo con sobrepeso lo restringe, como forma de cuidarlos.
Es frecuente ver en el consultorio estas problemáticas, y
muchas veces encontramos como denominador común el
control materno excesivo sobre la alimentación de los
hijos, quitándoles así la posibilidad de la
autorregulación.
Las recomendaciones de los expertos para prevenir la
obesidad, incluyen evitar las actitudes restrictivas y
controladoras sobre la alimentación. Lo más difícil es
lograr un equilibrio entre “monitorear” lo que los chicos
comen en calidad, establecer cierto orden de comidas,
promover alimentos saludables y las conductas que puedan
ser vividas como restrictivas o de excesivo control que
pueden volverse en contra y que en todos los trabajos se
asocian a mayor obesidad y trastornos alimentarios a
largo plazo, en especial en sujetos con tendencia
familiar al sobrepeso .
La promoción de la autorregulación de la ingesta en las
etapas precoces de la vida, debe formar parte de las
pautas alimentarias enseñadas desde el equipo de salud a
los padres, en especial en la consulta pediátrica.
Por tanto, si bien habitualmente se valora la relación de
la alimentación con la obesidad desde un punto de vista
cuantitativo (tamaño de porciones, ingesta de nutrientes,
etc.) no siempre son visualizados los aspectos
cualitativos de la alimentación en este sentido.
En resumen, no solo importa en este sentido el “que” y
“cuanto” sino también el “como”.
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