Saberes & Sabores
La
vida del Cava, Champagne o Espumante es, como la de
cualquier vino, limitada. En líneas generales, deberían
consumirse no mucho más allá de un año después de la
fecha de degüelle. Esa genérica longevidad siempre irá
condicionada por el modo de conservación desde que sale
de bodega hasta su consumo y las características de
crianza, que pueden restringir o acrecentar esa línea de
vida.
Además debemos tener en
cuenta que la fase de degüelle resulta muy invasiva, por
lo que convendría demorar cierto tiempo su consumo tras
esta fase, para que el vino vuelva a homogeneizarse y
regularse.
Para la degustación
importante la temperatura, dependiendo del tipo puede
considerarse óptimo un rango de temperaturas que vaya
desde los 5º hasta los 8º, ésta es una franja de
temperaturas que no satisface a todo el mundo. Pero la
temperatura ha de alcanzarse de manera gradual, enfriando
convenientemente la botella en la heladera durante varias
horas antes, la champanera, siempre que se utilice, debe
ser para mantener la temperatura, no para
descenderla.Acordate de agregarle un puñado de sal gruesa
al hielo de la champanera para que se conserven por más
tiempo.
Precauciones a la hora de descorchar un vino espumante:
Al abrir vinos espumantes, sidras y champañas es
recomendable tomar recaudos, ya que -según estiman los
especialistas- la presión del corcho de una botella de
750 mililitros es tres veces mayor a la del neumático de
un vehículo.
Los consejos: "En el caso de que ocurra un accidente que
implique un compromiso ocular, es muy importante que la
persona no se toque los ojos, no se coloque ungüentos o
pomadas y concurra rápidamente al médico", explicó Nora
Luedicke, responsable del Programa de Salud Ocular y
Prevención de la Ceguera del Ministerio de Salud de la
Nación. Además de estas precauciones, la especialista
dijo que "ante daños por el uso de pirotecnia, se deben
cubrir los ojos afectados delicadamente con una gasa e
inmediatamente buscar asistencia médica".
Desde el programa
advierten que una tercera parte de los daños oculares
derivan en ceguera. "La gravedad de las lesiones no
depende solamente de la pólvora, el calor o el fuego,
sino también de la intensidad de la explosión y del
tiempo en contacto con el artefacto", puntualizó la
médica.
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