Agunos
pacientes con presión arterial alta recurren a las
plantas medicinales con propiedades hipotensoras para
intentar controlarla. Pero las plantas no siempre
resultan beneficiosas, en especial, cuando se toman a la
vez que otros fármacos antihipertensivos. Puesto que
reducen la presión arterial, tienen un efecto diurético y
una acción hipotensora, pero antes de tomarlas hay que
consultar con el médico.
Una de las dudas más frecuentes en torno a las plantas
medicinales es el modo de tomarlas: en infusión o en
forma de concentrados (cápsulas o comprimidos). Esta
última presentación es más activa pero menos segura
respecto a su uso, afirma Josep Allué, profesor titular
de Fisiología Vegetal de la Facultad de Biociencias de la
Universidad Autónoma de Bellaterra (UAB), en Barcelona, y
uno de los especialistas que han participado en las XXII
Jornadas Catalanas de Hipertensión Arterial.
De manera tradicional, las plantas medicinales se han
tomado mezcladas en infusiones. Algunos preparados
modernos también cuentan con diferentes composiciones,
pero faltan estudios que demuestren sus beneficios para
el organismo. "No hay que presuponer que tres plantas
juntas sea bueno para la tensión", comenta Allué.
Problemas más habituales
Recurrir a las plantas para reducir la presión arterial
puede generar dos tipos de problemas. Algunas personas de
cierta edad con sobrepeso toman plantas diuréticas con la
finalidad de adelgazar y desintoxicar el organismo, pero
pueden llegar a mezclar plantas y fármacos diuréticos sin
ser conscientes. Son diuréticos las hojas de olivo en
ayunas, el ortosifón, la cola de caballo, la olmaria o la
vara de oro.
Los pacientes deben consultar a su médico que toman
plantas medicinales y comprar los productos en
establecimientos profesionales
Tampoco conviene tomarlas a la vez que algún fármaco
antihipertensivo porque muchos pacientes ya reciben
medicamentos diuréticos para controlar su presión, lo que
dificulta el seguimiento médico de la hipertensión
moderada. Cuando se receta una medicación diurética a un
paciente y, sin consultarlo con su médico, decide tomar
una hierba medicinal, potencia esa acción.
Aunque la tensión baje, el especialista no puede saber a
qué se debe. Además, si el paciente decide dejar de tomar
el remedio de herboristería, es posible que sufra un
repunte de la presión arterial, informa Allué. Un ejemplo
que, según este especialista, ilustra este hecho es el
del zumo de pomelo, que potencia la actividad de un
hipotensor clásico. Si el médico, al confirmarlo, baja
las dosis de la medicación y el paciente deja de tomar el
zumo, es posible que vuelva a aumentar las cifras de
presión.
Otro de los grandes inconvenientes relacionado con el uso
de los remedios naturales y los antihipertensivos es que
las plantas pueden generar interacciones en un plano
metabólico.
Comunicación médico-paciente, básica
La comunicación entre médico y paciente es fundamental,
puesto que la mayoría de los hipertensos tienden a
ocultarle que toman hierbas medicinales, a pesar de que
se les ha pautado un tratamiento antihipertensivo
determinado. Esta actitud provoca cambios anómalos cuando
el paciente no toma más las plantas. En opinión de Allué,
los profesionales de la medicina, en ocasiones, carecen
de una buena formación en plantas medicinales y, por lo
tanto, rehúsan preguntar a los pacientes por ellas.
A su juicio, deberían preguntarle por esta posibilidad y
nunca denigrar al paciente por recurrir a ella. El 40% de
los medicamentos actuales derivan de las características
de algunas plantas y otros se extraen de preparados de
éstas. "Deben considerarse como productos para la salud,
aunque esto no se haya tomado en serio hasta ahora",
declara Allué.
Si a pesar de todo los pacientes compran remedios
naturales, deben hacerlo en establecimientos
profesionales, en farmacias o en herboristerías que
tengan conocimientos de fitoterapia. Se estima que en
España hay entre 7.000 y 8.000 herboristerías, de las
cuales sólo entre 2.000 y 3.000 cuentan con profesionales
con formación.
HERBOLARIOS POCO PROFESIONALES
Un estudio llevado a cabo por Emilio Ramos Martínez, del
Hospital Universitario de Tarragona Joan XXIII, sobre
distintos tipos de establecimientos relacionados con la
venta de plantas medicinales -herboristerías,
herbolarios, centros naturales y de herbodietética- ha
revelado que a muchos de estos locales aún les falta un
largo trecho por recorrer para profesionalizarse. De los
18 establecimientos estudiados por vender productos para
la hipertensión arterial, el 80% de los dependientes iban
vestidos con ropa de calle, sin uniforme o acreditación
que indicase su profesión; sólo en uno de ellos se
confirmó un título correspondiente a la persona que
atendía.
Sin embargo, se vendían productos, tanto de un único
componente como de dos o tres, que se recomiendan en los
locales. "La mayoría aseguran que son inocuos y
compatibles con la medicación habitual. A pesar de que se
presentaron las posibles interacciones de productos de
plantas con la medicación antihipertensiva, un elevado
porcentaje de establecimientos no son partidarios de
informar al médico o dejan la elección al paciente",
expone Ramos Martínez en las Jornadas Catalanas de
Hipertensión Arterial.
Otros datos llamativos revelan que sólo en tres
establecimientos los dependientes preguntaron por las
cifras de presión arterial y, en otros dos, por el
tratamiento en curso. La mayoría no interrogaban sobre
los estilos de vida de los pacientes, no personalizaron
sus cuidados ni tampoco dieron recomendaciones completas
y adecuadas sobre la dieta. Ninguno informó sobre cómo
mantener el peso ideal ni los efectos de reducir el peso
sobre la presión arterial, así como de la importancia de
limitar el consumo de alcohol y tabaco y de hacer
ejercicio físico. El 70%, eso sí, aconsejó restringir o
no tomar sal, mientras que el resto ofreció sustitutos de
cloruro sódico por cloruro potásico, con el nombre de
"sal de hierbas".