Esta
práctica garantiza el acceso a un producto fresco durante
todo el año con las máximas garantías de seguridad.
Aprovechar las setas como recurso gastronómico es una
práctica generalizada en España. Una importante parte
llegan al plato procedentes de la recolección en bosques
que realizan aficionados y amantes de la micología,
aunque en los últimos años se ha incrementado el número
de especies comestibles que se cultivan en el ámbito
industrial. Esta actividad permite no sólo aumentar la
oferta, sino obtener un producto fresco de forma
continuada, sin que saborear este alimento sólo sea
posible en unos meses concretos. Llevarla a cabo requiere
tener en cuenta ciertos requisitos para evitar riesgos
asociados a la transformación y producción, como la
formación de patógenos. Unas correctas prácticas
higiénico-sanitarias son imprescindibles para prevenir
riesgos.
En todo el mundo se consumen alrededor de un millón de
toneladas de setas silvestres, clasificadas en unas 30
especies distintas. De ellas, más de dos millones se
cultivan, según datos de la International Society for
Mushroom Science del Reino Unido. En los meses de
temporada, están disponibles numerosas especies de setas
comestibles, pero algunas variedades se encuentran en el
mercado durante todo el año gracias a la producción a
escala industrial. El champiñón (la especie más
cultivada), el níscalo, las setas de cardo o la foránea
shiitake son algunas de las variedades que se plantan
para comercializar. Su cultivo debe cumplir con los
requisitos que establece el Real Decreto 30/2008 sobre
condiciones sanitarias de setas para uso alimentario. En
él, se recogen las condiciones de producción que deben
seguir los recolectores para la venta a restaurantes o
comercios. Los requerimientos de base son: oscuridad,
humedad y temperatura fresca. El reto es que se mantengan
estables.
Las condiciones óptimas
Una de las particularidades del cultivo de especies como
las citadas es que no requieren una planta viva, sino que
basta con una "alimentación" adecuada que, en la mayoría
de los casos, se compone de una mezcla de restos de
madera y sustrato esterilizado que se ajusta a las
distintas necesidades. En ocasiones, estos sustratos
constan de paja compostada, empaquetada en plástico negro
que forma balas de 15 a 20 kilos. En el plástico se
perforan varios agujeros por los que crecerán las setas.
Otra posibilidad es recurrir a sustrato de paja y
subproductos agrícolas, así como la madera de chopo, que
atorga a la seta su sustrato natural.
El 80% de la producción nacional de setas se registra en
Cataluña
En general, la maquinaria consta de varios dispositivos
similares a una olla a presión de gran tamaño, que se
ubican en salas donde se controlan los requerimientos de
base para que los hongos dispongan de un entorno
favorable. El tiempo que transcurre desde la preparación
del sustrato y la recogida de las setas oscila entre
cinco y seis meses.
En la fase de producción intervienen aspectos como la
recepción de la materia prima, que se somete a un primer
control de calidad; la selección para eliminar las setas
que no cumplan con los parámetros de seguridad
alimentaria exigidos o que sean tóxicas; la limpieza para
eliminar las impurezas superficiales; la clasificación,
proceso que determina la categoría según las
características y parámetros de calidad; el proceso de
blanqueamiento, un tratamiento térmico que frena las
reacciones enzimáticas y que es el primer paso al
tratamiento de conservación que se realiza en algunas
especies; el secado para reducir o eliminar el contenido
de agua o, por último, el envasado, que consiste en
introducir el producto acabado en recipientes o cajas
para su venta al consumidor. En este último apartado, se
contempla también el etiquetado.
Principales enemigos
"Salmonella", "Clostridium botulinum", "Bacillus sp.", "Clostridium
perfringens" o "Escherichia coli" son los principales
peligros de origen biológico para el cultivo de setas. A
ellos se unen los de origen químico, como la presencia de
sustancias químicas orgánicas (toxinas como muscarina) o
inorgánicas -metales pesados (plomo y cadmio)-, cuyo
origen puede estar en la contaminación del suelo donde
crecen los alimentos, en los equipos o en el agua usada
en el proceso. También son hostiles los pesticidas.
Los riesgos de origen físico abarcan desde el vidrio
(procedente de envases o material introducido en la zona
de producción); piedras y tierra, fáciles de encontrar en
primeras materias de origen vegetal; madera o plástico.
Evitar la presencia de cualquiera de estas sustancias
forma parte de los requisitos que imponen las prácticas
de producción y manipulación. Las condiciones pasan por:
* Una correcta identificación.
* Una adecuada conservación para evitar gustos u olores
extraños.
* Una apariencia sin lesiones ni zonas podridas.
* Una eliminación total de los posibles microorganismos
patógenos.
Del fresco a la conserva
La salida comercial de las setas adopta formas variadas.
Desde la versión fresca, que no ha recibido ningún
tratamiento de conservación o de refrigeración; la
esterilizada, que engloba a las setas frescas, saladas o
congeladas, ya sean enteras o laminadas, que se someten a
un tratamiento térmico para garantizar la resistencia del
producto a la alteración microbiológica; y la seta
congelada, que se somete a una temperatura de -18ºC.
También puede encontrarse en conserva, tras un
tratamiento térmico, de congelación o deshidratación.
HONGOS EXÓTICOS
Uno de los hongos que más se cultivan, además de los
champiñones, es el shiitake, originario de China, un país
donde esta práctica está muy generalizada. Por su sabor y
propiedades, el consumo de esta seta se ha extendido en
todo el mundo y es ya una de las especies más consumidas.
En España, Cataluña y La Rioja ocupan una parte destacada
en la producción de shiitake. El cultivo de setas
exóticas para consumir en fresco se ha convertido en una
importante apuesta y alternativa al cultivo de otras
especies más habituales y comunes, como el champiñón (en
España se producen unas 120.000 toneladas) y la seta de
cardo.
A pesar de que hace unos diez años apenas se conocía en
nuestro país, el cultivo de ésta y otras especies
consideradas exóticas nace como una alternativa para
hacer frente a la demanda en la Unión Europea. Expertos
riojanos han iniciado un proyecto para ampliar el cultivo
de variedades exóticas a cinco que hasta ahora sólo se
cultivan en Asia. Enoki ("Flammulina velutipes"), Maitake
("Grifola frondosa"), "Pleotorus eryngii" y "Pholiota
nameko" son los nombres de cuatro especies exóticos cuyas
posibilidades de cultivo está previsto comprobar en
España. Uno de los campos donde más se trabajará es el
del sustrato, que será similar al originario asiático,
aunque sustituirá algunos productos como el salvado de
arroz (típico de China) por paja. Uno de los objetivos es
determinar cuáles son los sustitutos más eficaces y que
permitan el cultivo con todas las garantías de seguridad.